sábado, 5 de junio de 2010

El candil

cuento



La tormenta ruge en la oscura noche, descomunales olas y viento quehiere la piel, lluvia y temor azotan el mar y los cielos, un pequeño pesquero es zarandeado de un lugar a otro, los marineros se aferran a una mala esperanza, si la costa de la muerte esta frente a ellos, que Dios le asista.

Los cálculos fallan las estrellas eran invisibles y la falta de instrumentos los lleva derechos al desatre, consciente de tener que tomar una decisión el capitán decide cambiar el rumbo, noroeste a toda, salgamos de aquí.

La tripulación hace lo propio, cambian las velas y ponen el rumbo ordenado, de pronto Max el marinero más joven que no hacia ni dos meses que se había desposado, grita,
-Luz- Luz-

-luz he visto una luz,y como un mascaron de proa señala hacia donde se ha trazado el nuevo rumbo.

El capitán y todos a bordo del frágil navío se quedan petrificados, si eso era cierto iban derechos a la boca del lobo, Max corrió hacia el capitán y frente a el, como no lo había hecho nunca ante un hombre, con la voz serena pero autoritaria ruega al capitán que cambie el rumbo.

Ambos hombres se miran , esta en juego la autoridad del capitán, la edad, la experiencia, la escala de mando, cosas que quedan sin sentido cuando las miradas se cruzan.

Cambio de rumbo -Grita el capitán-

A golpes de mar y viento, a duras penas se alejan de la tormenta, del peligro que les llevaba directamente al abismo y del no retorno.

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Unos días mas tarde desembarcaron sin peligro en un puerto extranjero, Max fue despedido, se le dio la paga completa, pero nadie lo saludó al abandonar el barco, los marineros hombres supersticiosos donde los haya, no desean bregar contra lo desconocido.

Mas por curiosidad que por otra cosa, el marinero cogió un tren y mas tarde un carro que le llevaría a la costa de la muerte, un apartado lugar de la costa irlandesa, de gentes toscas y rudas que se decía antaño vivían de los despojos de mar, robando las cargas de los naufragios que se estrellaban en sus costas.

Con el suave traqueteo del tren Max vuelve a casa con su esposa a sus sueños y al hogar, pero la luz, aquella luz que días atras les salvase la vida , no le deja descansar, ha de saber de ella, aquella luz que le ha salvado de la muerte, aquella luz que solo el vio, aquella luz tan calida en medio del abismo...

Cuando llego al pueblo, el lugar era el ultimo lugar de la creación que le hubiese gustado ir, casas destartaladas, suciedad... abandono, el lugar habia tenido días mejores, la decadencia y el olvido eran reinaban a sus anchas, mas una cueva de ladrones que un hogar- pensó-


Interrogó Max a sus gentes, a quien pudo, en la taberna invito a unas rondas pero nada de nada, a lo largo de toda una jornada no obtuvo respuesta de nadie, gentes hurañas y desconfiadas se apartaban de el.

Al final se dio por vencido y decidio que quizás era hora de regresar...
esperaba el marinero a una carreta que le había ofrecido llevar al pueblo más cercano, cuando una anciana se le acerco.

Joven desea saber de las luces no?- le interrogo la vieja-

A eso vine - respondió Max-


Tras unas monedas y apartarse de la vista de sus semejantes, la anciana comenzo a relatar una historia:

Eran de fuera de aqui, una pareja que deseaba comenzar una nueva vida, (o eso creo) el era alto, fuerte, fornido y sano, un hombre de muy buen ver, ella una belleza muy bonita, de unos rizos negros oscuros, ojos verdes y vivarachos, hacía girarse a quien tuviese sangre en las venas al pasar (rió la vieja)

La historia de Helena:

Te escribo diario mio, aquí en los confines de esta tierra extraña y desolada, aunque hemos comenzado una nueva vida las cosas son duras por aquí, Fran dejo la fabrica y se hizo pescador, tal como habíamos soñado desde que nos conocimos en la cadena de montaje, ahora estamos lejos de esos humos de todo ese hollín y carbón que destroza los pulmones y te hace escupir sangre y dolor, estamos lejos de lo disturbios, ansiábamos la paz y el mar, si viéseis la cara de mi esposo cuando vio el mar fue feliz y yo lo soy al verlo tan libre y fuerte.

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Helena he de adentrarme mas, he de buscar los bancos de atunes mas al oeste, si consigo una buena pesca saldremos del apuro, y el usurero del banco nos dejara por fin en paz.
Pero tu barca es muy pequeña, apenas deberías alejarte tanto de la costa y ya lo haces demasiado amenudo, es muy peligoso. -respondió Helena-

La conversación se alargo durante horas, y el alba los encontró a ambos abrazados.
Nada disuadió al hombre de su meta, y en la entrada de la casa al borde del acantilado los amantes se despidieron.

Ten cuidado, no pesques mas de lo que puedas cargar, cuando vuelvas tendré una sorpresa que darte,(y en silenciola mujer se acaricio el vientre) si vuelves de noche pondré un candil en la ventana para que encuentres la vuelta a casa.

No hace falta Helena, (rió el) esta el faro, y no tardare mas de unos días, descansa se te ve muy fatigada (y le dio un gran beso en los labios)luego marcho dedicandole a su amada la mejor de sus sonrisas.


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El día se hizo noche y la noche día y Helena comienzo a inquietarse, el no volvía...

La siguiente noche el faro se apago. (las gentes de la costa lo apagaban deliberadamente, para que los mercantes se estrellasen en sus costas, como aves de rapiña vivían de los despojos de los naufragios, de la muerte y del dolor de otros)
Día tras día la joven esperó, y cada noche encendía su candil para que el volviese a casa.

Pero el marinero no volvió (dijo la vieja con voz bronca), y la joven se afanaba por tener una llama en la ventana, para que el pudiese encontrar el camino de vuelta a casa.

Pasaron las semanas y ella lo vendió todo para comprar aceite que quemar en el candil, hasta que ya no pudo vender nada más, hasta que nada le quedo para alumbrar su esperanza.

Nada me queda y el ha de venir (se decia Helena), el ha volver, se decia una y otra vez, y no vera la luz, no podrá llegar a casa, no le he de fallar, ambos esperamos, que el regrese.

Mi amor mi dulce amor, no he de fallarte, vuelve a casa...

Una mala noche, una noche de terrible tormenta, con solo un fósforo sin aceite sin nada que poder quemar ......suavemente introdujo sus manos en su vientre y saco la luz que llevaba dentro, la única luz que le quedaba y la añadió a la suya propia y el candil brillo, como nunca una luz en este mundo lo ha hecho y desde entonces los días de oscuridad y tormenta brilla a lo lejos salvando la vida a los agraciados que consiguen verla.

Desde entonces con o sin faro, los navios se han alejado de esta costa,ya no embarrancan por estas cosatas, ya no hay ricos botines (maldecia la vieja) pues esa luz, esa maldita luz, brilla en el horizonte advirtiendo, esa maldita luz..

Luz (pensaba Max) dulce y cálida, no maldita, luz pura como solo puede serlo el alma que salva al viajero...


4 comentarios:

kendopitecus dijo...

El mar y la mar, lo mismo pero diferente, la origen de la vida y el principio de la muerte. Un buen cuento Jan. Como nos tienes acostumbrados

aprendiz dijo...

dar à luz
dar a vida
dar a luz
por amor

que texto carregado de simbolismo...e belo

jansolo dijo...

celebro os guste

Arami dijo...

;)
Para amar comienza en uno para luego sentir lo mismo en más.
Me gusta, me gusta mucho.
Abrazos